El debut de Masterplan fue atronador, su puesta de largo no pudo ser más satisfactoria, su primer disco dejó boquiabiertos a todo el estamento hardrockero, no era para menos, no todos los años surgen bandas que aglutinen de forma concentrada tanto talento, los ex-Helloweens Roland Grapow y Uli Kusch junto con el genio de las voces Jorn Lande... casi nada. Reconocimiento de público y prensa, buenas ventas, premios y conciertos abarrotados...
Con una presentación de tanta altura, resultaba difícil mantener la intensidad, aún así, Aeronautics" cumplió con las expectativas pero no resultó tan adictivo como su predecesor. ¿Se desgastaba la banda en tan poco tiempo? Extraño, pero la realidad es que sus conciertos también notaron un descenso de afluencia...
Ahora su tercer trabajo pone de manifiesto ese desgaste, y lo hace antes de que sea juzgado el contenido de este "MK II", y es que dos de los tres ases hayan dejado la banda no es algo habitual, ni Uli Kursch (batería) ni Jorn Lande (vocalista) siguen en el barco, el segundo adució diferencias musicales, pero más sorprendente resulta la ausencia de Uli, ya que fue uno de los fundadores.
El tridente se ha desdentado, y aunque Rolad Grapow se ha afanado en encontrar sustitutos de altura, nada más y nada menos que la bestia Mike Terrana para ponerse detrás de los parches, y Mike Dimeo a las voces, la formación ha perdido parte del glamour y gancho que poseía, y mucho me temo que "MK II" supone un nuevo comienzo.
Musicalmente volvemos a tener un disco impecable, composiciones de altura y una producción más que notable, pero pese a que los sustitutos realizan una labor muy digna, resultará muy difícil olvidar a los componentes originales, sobre todo en lo referente a Jorn Lande, y eso hace que el cómputo globar de este trabajo baje algún entero.
Tanto "Lost and gone", como "Keeps me burning" recuerdan al primer trabajo, y los temas con más protagonismo de teclado como "I'm gonna win" o "Watching the world" resultan muy entretenidos, gozan de un gran dinamismo. En definitiva, podemos decir que la esencia Masterplan sigue más que palpable, la labor de Terrana no tiene nada que envidiar a Uli, pero la voz de Dimeo, por mucho que se esfuerce, jamás igualará la personalidad y fuerza de Lande.
En definitiva, es un gran disco, pero tiene una dura y ardua labor: luchar contra su propio pasado.
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