¿ Una estrella ?
Murmuró pensativo el Señor.
Sí, una estrella insistió el caminante.
Una estrella de fuego incandescente.
¡ Blanca, refulgente y bella !
Una estrella que pueda alumbrar
el sino de toda la humanidad,
que en sombras vive.
Pero, titubeó perplejo
el Dios del Universo,
y ante tan peculiar demanda
tan solo musitó:
Pero, ... si las estrellas que tachonan
el firmamento entero,
todas son de la humanidad.
Yo mismo las he engendrado,
en el lagrimal doliente de mis ojos,
para que iluminen las obscuras noches,
del ámbito sideral del universo.
Recuerdo que una vez,
estando yo muy triste,
al ver girar al mundo errático y perdido,
Lloré .....Lloré con hondo desconsuelo.
Para sorpresa mía
las lágrimas no enjugadas,
que fueran fluyendo libremente,
en el lienzo de sombras de la noche,
fueron recogidas por las etereas manos,
de ángeles y arcángeles,
que en sus esfuerzos por acallar mis ansias
las colocaron amorosos, en el cielo.
Pero Señor....Tu, no me has entendido.
Yo no quiero una estrella
que esculpida haya sido con lágrimas.
¡ Quiero una estrella rutilante !
De esas que como la estrella de Belén,
pregonan alegría y piedad y concordia.
Una que en sus cinco puntas,
lleve un mensaje de amor y de consuelo.
Que la primera punta derrame su peculio,
en la Avenida de la Soledad.
Ahí, donde los niños de la calle duermen,
mal acurrucados en los fríos dinteles,
de las cerradas puertas,
en los gélidos y obscuros pasadizos,
de las plazas, las calles o los portales.
Quiero que mi dulce estrella,
con su más fino pincel
pinte tiernas sonrisas y quimeras rosadas,
en esas caritas huérfanas de besos,
de caricias y ensueños.
La segunda punta Padre mío,
la cargaré con visos de esperanza.
Con esa luz, filtrada en un crisol verde esmeralda,
luminaré el Asilo " Cápsula de Olvido"
Ahí donde los viejecitos
bajo la plateada nieve de sus sienes,
rumian su soledad,
bordada de descorazonador y triste desaliento.
Esperando tal vez que aquellos hijos,
que una vez condujeran,
en los tortuosos senderos de la vida,
recuerden que esas manos temblorosas,
hoy tan similares
a inquietas e invernales mariposas,
en otrora fueran mástiles pétreos y seguros.
Constantes vigías avizoras
al conducir las naves de sus vidas,
por el mar proceloso del destino.
Quiero que mi estrella rutilante,
Caritativamente vuelque su torrente de luz,
en los inmensos prados del antaño.
Y que matice los campos del recuerdo,
para que crezcan gentiles las memorias
en surcos fértiles de cariño y respeto.
Donde se abran los capullos de las flores
para formar el ramo del recuerdo,
atándolo con un listones de amor y de ternura.
Así el rictus amargo de sus labios
se vestirá otra vez de cálidas sonrisas.
En los rostros rugosos
que inmutables acusan el paso de los años,
brillarán como estrellas fugitivas
sus ojos ya cansados por la espera.
Y la escarcha plateada de sus canas,
será una vez más un faro fulgurante
que siga siendo aún un factor,
en la ecuación imperfecta de la vida.
Con la tercera punta Señor,
Forjaré una cruz de luz
que clavaré en el sepulcro del soldado
que ha caído en campaña.
Con blancos gajos de mi bella estrella,
iluminaré el campo de batalla.
y haré diligente una redada
de almas que ambulantes y confusas,
al morir alejados de su patria,
no han encontrado la senda que les lleve,
a gozar del paraíso y tu presencia.
Con las otras dos puntas Señor,
tejeré un gran zarape con todos los colores
imaginables del más regio arco Iris .
Con él abrigaré la frialdad del mundo entero.
Tal vez la humanidad, entonces
dejará que el hielo de las almas,
se torne en manantiales verdaderos,
que se viertan en los fértiles campos del cariño,
donde germine la semilla del amor
y que por ende, florezcan otra vez,
rosas de luz, de paz y de concordia.
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