He perdido un poema
en los avatares del viento.
Se disolvió de pronto.
Un poema
escrito entre extraños destellos;
un poema
que había esperado largamente
los animales tenues que flotan en la brisa.
Aún recuerdo sus versos que caían
como hojas,
como frutos sutiles,
como insectos nocturno
scuando llega la luz.
Un poema
que huyó
antes de la sangría de las letras,
antes del fuego brutal
de los ojos llameantes
sobre los amarillos meandros de sus versos.
Quizá ande por los cielos
de los jardines sin país
que cuelgan de las tardes;
quizá crezca hacia adentro
en los poyos espectrales del crepúsculo.
Ahora,
el poema perdido me persigue.
Desde los mundos de abalorios sus miradas
se vuelcan hacia mí:
colibríes azules,
unicornios espesos.
El poema
es un grito hacia adentro,
una explosión cuadrada,
un adentrarse de las horas
en el sutil silencio de las luces:
penumbra estruendos
arepleta de voces y de manos.
Descalzo,
un niño remonta dragones en la noche.
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