Sus alas desean cielos, sus ojos ver mas allá de donde la tangibilidad puede expresarlo, existen anhelos que naufragan ante una piel que arde, que domina las razones y explota como minas antipersonales en tierra. Los labios virginales van pintando de rojo las mejillas, explorando, cual gaviotas, el océano de la pasión que sucumbe ante los embates de las caricias, ante la locura que cercena los caminos hacia una luz que pueda detener los minutos que están por transcurrir. Él, veterano de muchas guerras, viejo lobo en la selva de concreto de la ciudad, alquimista de situaciones e inventor de mundos a través de las letras, Ícaro de soles multicolores y bohemio de noches interminables, esta preso, como el pescador en su propia red, en la corriente de un río sin puertos, en la insensatez de una ficción con formas de mujer que palpita al ritmo desbocado de un corazón sediento. Para ella el ritmo de las rimas de sus composiciones siempre fueron la llave hacia un paraíso deseado, la puerta para conocer el atavismo que envolvía al ser cuyo arte le hacia suspirar por las noches y aquel encuentro fortuito en el aula de clases, motivado por un festival literario, le confirmaron que el destino jugaba con cartas marcadas.
Los versos exclamados con la dulzura de la admiración, con el alma en cada palabra tuvieron la magia de estrechar las distancias, de olvidar los puentes que separaban dos ciudades tan distantes. Los ojos miraron mas allá de la visión de sus retinas, tarde adentro la telepatía de sus ondas acallaron las voces, transmitieron la energía, fueron cómplices de los deseos que secretamente, olvidando que los años demarcaban limites peligrosos de cruzar, se confundieron enlazándose.
No importa matar la ingenuidad para emerger como mariposa del capullo, que sus manos descubran las curvas que nacen, las prominencias de un cuerpo que va sufriendo la metamorfosis de la adolescencia.
Antes o después, los momentos se inmortalizan, se graban como las imágenes en el celuloide, permanecen inalterables ante los embates de las experiencias y ante los designios de los astros que se conjugan. La pluma del tacto que palpa la calidez de un cuerpo que se sumerge en sensaciones sin temor a perecer quemado en las llamas del éxtasis, es una razón de las sinrazones que le dan a cada rato las ansias de vivir los segundos, que le explican lo inexplicable de un futuro sin presente, de una distorsión de las ópticas que empañan los cristales de la realidad.
Como el descubridor que paralelamente va descubriendo, ambos van experimentando entre la complicidad de un lecho, que sin estrellas el cielo no siempre es oscuro, que no existen los nuncas cuando la atracción de los universos que conforman los planetas corporales se encuentran, cuando la composición de dos formulas aparentemente diferentes son capaces de conseguir un catalizador para unirse. Hay pocos obstáculos para detener las manos que acarician, las lenguas que se juntan, las expresiones corporales que van transmitiendo desde la epidermis los gritos de la sangre, los gemidos de las neuronas, presas entre choques eléctricos que las asesinan; son seres invisibles entre el sueño de una ciudad que va dejando los rayos del sol para sumergirse en las luces incandescentes de los faroles, los avisos de neón y la luna.
Tras el final de un principio y el sudor del cansancio quedan vestigios, dudas, sonrisas, abrazos y la sensación de que cruzando la puerta se encuentra un mundo cuyo mayor enigma son las limitaciones que se inventan para mantener al margen la aventura de un ser, que siempre quiere explorar traspasando sus propias verdades. Ellos están convencidos que son apenas un corpúsculo de la locura frenética de ser mas etéreos que humanos, mas humanos que pendencieros de momentos, mas libres que el aire que los rodea.
La niña descubrió al hombre que convivía en el cuerpo del poeta, al ser de donde nacía la emoción y el arte, pero no al creador de las ficciones que tanto le apasionaban.
El poeta, a la mujer que emergía en el cuerpo de la niña, a la visionaria de mundos paralelos capaz de construir fuera del limite de su entorno, un lugar donde soñar.
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