Lameré
los soberbios suspiros del amor
cuando modules, melodías de pasión
en tono tenue.
Sorberé
del trino al labio
que trémulo me ansía…,
mordiendo
en el entrecejo de tú piel, aquello
que sonrosado me apetece
enloqueciendo mis neuronas.
He de pellizcar con suavidad
los puntales de tus pechos,
que erguidos
devoraré
con devoción por el amor en su presencia
sobre testimonios tan divinos
y así sabrás recibir con orgullo femenino
la lava nívea de mi entraña,
que hará que hiervas de emoción,
como ninguna.-
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