Borrada ya del pensamiento mío
de la tristeza el importuno ceño,
dulce era mi vivir, dulce mi sueño,
dulce mi despertar.
Ya en mi pecho era lóbrego y vacío
el que un día rugio volcan hirviente;
ya no pasaban negras por mi frente
nubes que hacen llorar.
era una noche azul, serena, clara,
cuando, embebido en plácido desvelo,
alcé los ojos en tributo al cielo
de tierna gratitud.
Mas, ¡Ay!, que apenas lánguida se alzara
este mirar de eterna desventura,
turvarse vi la líbida blancura
de la nocturna luz
Incierta sombra que mi sien circunda
cruzar siento un zumbido revolante,
y con nubloso vertigo incesante
a mi vista girar.
Cubrió la luz incierta, moribunda,
con alas de vapor, informe objeto:
cubrio mi corazón terror secreto
que no pude calmar
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